Como vestir para estilizar las caderas anchas:


He encontrado en internet unas buenas ideas para vestir bien disimulando las caderas anchas.


Con vestido:
Evitar cualquier prenda demasiado ajustada, que solo potenciará la desproporción entre la parte inferior ancha (caderas, glúteos y muslos) y la parte superior estrecha (espalda, pecho y hombros).
Vestir un corte con caída, suelto en la zona de las caderas, y marcar la cintura para potenciar la silueta ideal, la reloj de arena.


Con pantalones:
Evitar un pantalón que sea demasiado ancho, creará volúmenes y arrugas indeseadas. Los pantalones que no llegan a cubrir el tobillo hacen que la pierna se vea más corta, y por tanto, también más ancha. Evitar el calzado plano con punta redondeada, como las bailarinas.
Vestir un pantalón recto, oscuro y largo, para tener el máximo efecto de pierna larga y estilizada. Un zapato con la punta afilada y un poco de tacón también ayudan a alargar visualmente las piernas.

Como ser más sexy: 6 buenas ideas y más errores


Esta es mi frontera entre lo que supone ser sexy y ser vulgar:

Sí es sexy: La melena suelta ondulada. 
No es sexy: El cabello corto al estilo chico. El cabello recogido tirante hacia atrás. El cabello mal teñido, de demasiados colores, estropeado o sin brillo.

Sí es sexy: Un maquillaje discreto.
No es sexy: No llevar nada de maquillaje. Demasiados colores en la sombra de ojos. Los labios delineados. Demasiado maquillaje.

Sí es sexy: Una piel bronceada.
No es sexy: Una piel blanca. Un autobronceador mal aplicado. Marcas de bronceado demasiado evidentes.

Sí es sexy: Una sonrisa natural. 
No es sexy: Unos dientes oscuros. Una sonrisa forzada. Unos labios agrietados.

Sí es sexy: Uñas rojas. 
 No es sexy: Llevar las uñas mal pintadas. Las uñas con esmalte negro. Las uñas demasiado largas. Las uñas mordidas.


Sí es sexy: Lucir curvas.    
No es sexy: Ser demasiado flaca y recta. Enseñar carne. Llevar ropa demasiado ancha. Llevar ropa demasiado estrecha.

Como perder peso de forma positiva:


1. Escribo una lista con todas las razones por las que quiero adelgazar: desde sentirme más sana a poder volver a ponerme los antiguos vaqueros de la talla 36. La llevo encima y cuando tengo una tentación de comer algo que engorda, la leo y me convenzo que no debo hacerlo. 

2. Me olvido de separar las comidas en “buenas” y “malas” porque sé que sólo disfruto con las comidas que más engordan, y si me las prohíbo a mí misma, y caigo en la tentación, luego me culpabilizo. Separo en: “comida sana: de la que puedo comer sin problema todos los días” y “comida buena: la que me puedo permitir para darme el placer sólo en ocasiones especiales”.  


3. Soy mi mejor amiga. Soy la primera en apoyarme en momentos de debilidad, la primera en recordarme que soy capaz de hacerlo y la primera en perdonarme si me salto la dieta un día. 

4. Me divierto en el proceso. Comer cosas sanas siempre puede ser aburrido, pero hacer ejercicio para mí es muy divertido y estimulante. Varío de clases en el gimnasio para romper la rutina y alterno baile, body combat, step, aerobic, tonificación, pilates y spinning.  

5. Aprendo de mis errores. Equivocarse es algo inevitable, puedo ir a un restaurante y encontrarme comiendo un plato de pasta en vez de una ensalada… pero tengo que analizar y corregir esto: puedo beber un litro de agua antes de un evento para tener menos hambre, puedo mentalizarme en picotear sólo pepinillos y evitar los cacahuetes… 

6. Actualizo mi imagen. Para los días que siento que mi cuerpo no se me adapta a nada de lo que tengo en el armario, entonces me alegro el look con accesorios llamativos, bonitos o de color (unos pendientes, un collar, un pañuelo). Si me veo guapa me siento más inspirada para seguir cuidándome. 



7. Me inspiro en los demás. Observo qué, cómo, cuándo y cuánto come la gente de mi alrededor para aprender actitudes positivas con la comida. Por ejemplo: no pasa nada si dejo comida en el plato en un restaurante, o me acostumbro a no poner azúcar en mi café.